Son las doce horas, un minuto y quince segundos. El hechizo se deshizo y todo volvió a la normalidad: los briosos corceles pasaron de nuevo a ser ratones, la carroza a calabaza y Cenicienta, semidescalza, sueña con volver a ver al maravilloso hombre que acaba de conocer en la fiesta. Aunque en su interior se lamenta, porque sabe que lo de ellos nunca va a prosperar... él no es príncipe ni tiene fortuna ...
He aprendido que el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada Gabriel García Márquez
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