El pie izquierdo no me quiere hacer ni caso. El derecho igual. Los brazos quieren abandonar su rigidez contumas para estrecharse a tu figura. Cada vez que te acercas, exploro cada capa de tu ropa para imaginarme tu piel lozana y radiante. Creo que puedo sentirte cuando traes la morfina a la tarde, y me susurras que pronto estarè bien, mientras la droga empieza a recorrerme llevàndose el dolor, agradezco todos los días haber tenido el accidente para haberte conocido.
He aprendido que el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada Gabriel García Márquez
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