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El Escapista

El pueblo reunido en la plaza, frente al templo, contempla el esfuerzo de un hombre por quitarse  las ligaduras que lo retienen. Cadenas, sogas, esposas y un par de grilletes son los oponentes de este infeliz que lucha por ser libre.

La gente tiene enfocada su atención a sus movimientos y a las expresiones de su cara. Un leve rumor empieza a surgir desde la muchedumbre,  mientras unos a otros se miran y mueven la cabeza de un lado hacia otro.

De la iglesia, sale el cura con sotana y un libro bajo el brazo,  meditabundo observa el espectáculo.  De pronto, llega un auto. Una mujer con un ramillete y vestido blanco desciende para colocarse al lado del que está maniatado. Con una sonrisa dulce en sus labios lo mira, mientras el cura se acerca para comenzar con el rito.

En el pueblo las emociones son dispares. Hay quienes lloran, otros se emocionan, algunos incluso llegan a ponerse contentos, pero otros sufren una angustia pues un destino similar en breve les acontecerá.

Entre sollozos y retorciéndose en el piso, el hombre encadenado no puede creer lo que está viviendo. Él que escapó tantas veces de ese trance y otros peores, no puede encontrar una salida.

La ceremonia termina y la novia se inclina a besarlo. Desahuciado y rendido, él se entrega a su destino, mientras lo llevan al auto para seguir con la fiesta.

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