Dicho sea entre nosotros ese asunto hubiera habido que
liquidarlo de una forma más precisa, pero él no se tomaba
nada a la ligera, por eso lo respetábamos. En vez de un hartero
disparo o una apuñalada a traición, la invitaba a cenar, pasaban
interminables tardes juntos. De un día para otro la dejó de ver y
ella de a poco se fue extinguiendo, lentamente fue perdiendo el
espesor de su vida. En el momento menos pensado apareció muerta.
Inmediatamente después, le llevamos su paga y sólo hallamos la
prueba que también los más duros pueden morir por amor.
He aprendido que el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada Gabriel García Márquez
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