Dicho sea entre nosotros ese asunto hubiera habido que
liquidarlo de una forma más precisa, pero él no se tomaba
nada a la ligera, por eso lo respetábamos. En vez de un hartero
disparo o una apuñalada a traición, la invitaba a cenar, pasaban
interminables tardes juntos. De un día para otro la dejó de ver y
ella de a poco se fue extinguiendo, lentamente fue perdiendo el
espesor de su vida. En el momento menos pensado apareció muerta.
Inmediatamente después, le llevamos su paga y sólo hallamos la
prueba que también los más duros pueden morir por amor.
Marcianoto llegó volando en su nave espacial. Estaba emocionado porque por fin había obtenido permiso para visitar la Tierra de nuevo. Ya había estado antes, pero la última vez montó un lío tremendo: se había transformado en un tipo llamado Albert Einstein y en unos pocos días reveló muchos secretos de los extraterrestres. Por eso llevaba años castigado sin volver . Esta vez tendría mucho más cuidado. Para no transformarse en nadie conocido decidió aterrizar en el lugar más apartado del planeta. Era un lugar frío y blanco en el que solo había una casa, y dentro pudo ver a un anciano solitario. - Me transformaré en este anciano . Este sí es imposible que sea famoso. Además, me encantan su traje rojo, su gran barba blanca, y ese saco enorme que tiene a su lado . Me servirá para guardar algunas cosas. Pero en cuanto llegó a la ciudad un gran grupo de niños se abalanzó sobre él. - ¡Quiero mi coche! - ¡A mí dame una muñeca! - ¡Yo quiero una consola! Marcianoto estaba r...
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